VALPARAÍSO EN EL TIEMPO...

ADVERTENCIA AL LECTOR

Al igual que Valparaíso, ésta simple recopilación de artículos y hechos, todos con más o menos relación con el puerto, no guarda orden algun
o y a veces escapa a la credibilidad.

EL EDITOR.-

20 de mayo de 2010

LA CUEVA DEL CHIVATO

Valparaíso alcanza uno de sus puntos más estrechos en el sector donde hoy se sitúa el edificio del diario El Mercurio. El apretado trozo de tierra nace a los pies del cerro Concepción descendiendo por el pasaje Ross para toparse con calle Blanco y finalmente desembocar en la avenida Errázuriz, donde pasada la línea del tren y el malecón; se cae al océano más grande del planeta.

El origen de la cueva nunca ha sido esclarecido. Algunos creían que ésta se debía a viajas excavaciones mineras efectuadas en los tiempos de la colonia; otros pensaban que la cueva se había formado por razones naturales; pero una gran parte de los habitantes de Valparaíso creía a pies juntillas que la cueva había sido formada por obra del mismísimo demonio.


La cueva se ubicaba cerca de peligrosas rompientes que el mar azotaba con furia en los meses de invierno, lo que otorgaba al lugar un aura maldita que esparcía con mayor fuerza entre los porteños un miedo sin consuelo.


En aquel lugar, hoy tan concurrido, existía una misteriosa y temida cueva habitada por un chivato demoniaco que por las noches atrapaba a los incrédulos porteños que merodiaban el lugar. El maldito peñasco no sólo era temido por quienes por allí osaban dar paso, sino también por los barcos que descansaban en la bahía y que al más mínimo soplón de norte se veían atraídos hacia las afiladas rocas, los que sin importar la pericia de la maniobra se incrustaban en los acantilados convirtiéndose en astillas, perdiéndose toda tripulación y mercancía.


Tan frecuente fueron los accidentes que se produjeron en éste lugar que fue llamado por los marineros: “Cabo de Hornos”, pues el acantilado del puerto era tan infernal como aquel existente en nuestros límites del sur.


La leyenda cuenta que el demonio se acercaba al océano para atrapar a las sirenas que peinaban sus cabelleras en los roquerios. Los porteños aseguraban que en las noches se aparecía el diablo con la apariencia de un robusto chivo que con su mirada hipnotizaba a sus víctimas impidiendo así su fuga. Los que lograban encontrar huída lo hacían desenfrenadamente hacia el mar donde encontraban la muerte destrozándose al caer en las rompientes donde se podían ver restos de animales y huesos humanos, todos sin rastros de sangre.


La historia que ha pasado de boca en boca por los porteños durante más de 100 años cuenta la historia de un hombre que en la noche más oscura y tormentosa de todas las que pueda imaginarse el puerto, junto a su nave fue a estrellarse en los temidos acantilados. Al lograr desembarcar en las rocas con las costillas afuera y repleto de sangre, pudo observar la maldita cueva, y cerca de ella sintió el llanto y súplicas de algunas mujeres de la tripulación. Las súplicas serían escuchadas por el maldito Chivato, y al ver la sombra que tomaba a las mujeres y las arrastraba hacia los confines de esa cueva de la muerte hubo de desvanecerse pensando que allí moría. Al otro día, al despertar, pudo darse cuenta que era el único sobreviviente.


Con el correr de los años la llegada de la dinamita hizo desaparecer la cueva y permitió el establecimiento del comercio, el lugar pasó de ser llamado “Cabo de Hornos” a “Calle del Cabo”, en la actualidad calle Esmeralda.


A contar de los siglos XVII y XVIII se comienzan a levantar, tímidamente, algunas casas en el sector. En el año 1814 a petición de la asustada población la policía instala un farol para brindar un poco de luminosidad al lugar y hacer más seguro el paso entre el Puerto y el Almendral.


A fines del siglo XVII el comerciante Joaquín de Villaurrutia adquirió dichos terrenos, incluyendo la temida “Cueva del Chivato”, la que fue dinamitada parcialmente para construir allí las bodegas que utilizaría para almacenar sus mercancías. A poco de andar la mala fortuna comenzó a rondar a de Villaurrutia presentándosele problemas de variada índole.

Premunido de una fragata, de Villaurrutia pretendía mantener el régimen colonial, la que a poco de andar cayó en manos de los patriotas en el año 1821. La mala suerte continuaría y el barco pondría fin a sus días estrellándose en los roquerios existentes frente a la “Cueva del Chivato” el año 1839.


En el año 1833 Mr. Waddington adquiriría gran parte del cerro Concepción, “Cueva del Chivato" incluida. Waddington ordenó la demolición de la cueva haciéndola desaparecer por completo. Según se cuenta la maldición de la “Cueva del Chivato” también alcanzó a Waddington.


En el año 1830 marineros ingleses ingresaron a la temida cueva y expulsaron de ella a un grupo de delincuentes quienes habían ubicado allí su centro de fechorías, siendo ellos y no el demonio los causantes de tanto delito atribuido al diablo.


Una placa incrustada en la roca y cubierta de las enredaderas que caen del cerro recuerda el lugar donde estuviere la mítica cueva. (Antigua Cueva DEL CHIVATO).

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Placas como estas se encuentran en otros rincones de Valparaíso y nos cuentan lo que allí existió en tiempos pasados, como así también los antiguos nombres de las calles.
Las placas serían iniciativa de Renzo Pecchenino “Lukas”
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