VALPARAÍSO EN EL TIEMPO...

ADVERTENCIA AL LECTOR

Al igual que Valparaíso, ésta simple recopilación de artículos y hechos, todos con más o menos relación con el puerto, no guarda orden algun
o y a veces escapa a la credibilidad.

EL EDITOR.-

6 de abril de 2011

Valparaíso y don Benjamín Vicuña Mackenna.

















A comienzos del siglo XVI Valparaíso era dependencia de Quillota, desde la cual su corregidor viajaba en mula para otorgar su permiso cada vez que un barco aparecía en la boca del puerto (lo que no ocurría más de dos veces al año) para continuar camino a Arica o el Callao, únicos puertos abiertos al comercio por la autoridad real. El comercio se constituía únicamente por el trigo, charqui y el sebo.
En lo que respecta a lo religioso Valparaíso fue una pendencia del cura de Casablanca, quien en tiempo de Cuaresma viajaba hasta Valparaíso para hacer misa a los marineros del par de embarcaciones, que a lo sumo, había en la bahía, congregando así al interior de su pobre iglesia las almas de estos bravos hombres.

Valparaíso no podía ser llamado puerto o ciudad, más era medio convento y destartalada fortaleza. Sus límites geográficos, por llamarlo de alguna manera, entre el Castillo de San Antonio y el extremo oriente, en aquel entonces llamado Cruz de Reyes (Almitante Gómez Carreño), era habitado por los conventos de Santo Domingo, residencia de los Jesuitas hasta el año 1767; de San Francisco con su plazuela al frente y donde más de alguna vez se verían corridas de toros; y finalmente el de San Agustín.

Los conventos daban espacio a las grandes y ordinarias bodegas techadas de teja emplazadas a la orilla del mar desde donde se embarcaban los frutos del país directamente a sus costales, no existiendo otro muelle más que las espaldas del arriero que desde los valles interiores transportaba el trigo y el charqui hasta la orilla.

Casi la totalidad de la calle Prat era ocupada por las bodegas de las ricas familias Iñiguez, Manterola y Varela; siendo estas, en su mayoría, construcciones de robusto adobe y techos de paja las que poseían largos corrales para guarecer a las mulas y dar depósito a los costales. Dichos corrales ocupaban la que hoy conocemos como calle Cochrane.
Hasta entonces la venta de terrenos poseían invariablemente estos límites singulares: “Hasta las arenas del mar y hasta donde el comprador cave el cerro”. Los cerros Alegre y Concepción no valían siquiera un céntimo.

El estrecho espacio entre los peñascos y la playa otorgaba un incómodo recoveco por donde pasaba la callejuela llamada vanidosamente “calle”; allí se encontraban los domicilios, todos abigarrados. La totalidad de las casas eran de un piso y poseían corredores sostenidos por gruesos pilares (horcones), cortados de las quebradas.
El Almendral, no era más que una lejana y arenosa playa con la cual no se mantenía comunicación alguna.

Llamará la atención que una de las calles más transitadas y animadas de Valparaíso, haya sido un estrecho desfiladero rodeado por el bravo océano. La calle del Cabo, hoy Esmeralda, era de las más temidas.

Años más tarde Mr. Searle propondría al Gobernador Portales extender la ciudad dinamitando al cerro Concepción; no concretándose dicha empresa a raíz del temor del vecindario.

Más allá; a poco andar de lo que fuere estacionamiento de carretas y basurero, y que hoy conocemos como la Plaza de la Victoria, aparecerían dos grandes esteros; el primero denominado de las Piedras y más tarde de Jaime (avenida Francia); más allá el estero de las Delicias (avenida Argentina) dividía el Almendral de los terrenos del señor Polanco; delgada línea de tierra a cuya chacra solían ir las buenas familias de Valparaíso. El cerro del Morro, hoy Barón, cerraba la bahía y el plano en esa dirección.

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